Echaremos en falta algunas cosas en la televisión pública estatal con la nueva Ley de Financiación pero no la publicidad. El último verano de anuncios en TVE 1 y La 2 nos deja un tufazo repelente. A falta de saber lo que traerá la temporada otoño-invierno, que ya se vislumbra con las clásicas colecciones por fascículos, las marcas que se han promocionado, los mensajes que han elegido y su plasmación final por parte de las agencias durante el estío han tenido el nivel de la calidad culinaria de un chicle.
Objetivo preferente, mujeres: atacadas por gases, diarrea o estreñimiento, calenturas, herpes labial, ampollas en el pie, talones agrietados, dentadura postiza mal ajustada, "pérdidas (de orina) ya no tan pequeñas" o leves, dignas de "princesas", y con las defensas bajas por los cambios bruscos de temperatura. Mujeres preocupadas por las manchas en las manos "que revelan tu edad"; necesitadas de colágeno para rellenar surcos faciales; atormentadas por la acumulación de calorías; obsesionadas por sus ojeras, nalgas, tetas, párpados y vientre, caídos y/o flácidos. Mujeres tanto o más desasosegadas por cada centímetro de sus cuerpos como ajenas a la porquería que corroe los baños y cocinas de sus casas, sucias compulsivas del hogar que necesitan productos mágicos o del futuro para salir de la guarrería permanente en la que sobreviven. Alternativamente, mujeres que dan de comer a sus bebés y los bañan, a las que les ofrecen soluciones rápidas para no cocinar o a las que vemos bailando en tiempos de fritura porque hay una placa que avisa cuando el aceite está caliente. ¿Qué violento, no? Especialmente para las mujeres, quiero decir, porque, además y en comparación, los hombres apenas muestran algo de colesterol, hongos en los pies, alopecia y sudor sobaquil.
Bajando de esta cumbre, hemos contemplado las rebajas en los supermercados: que te ponen cara de bobo sonriente o que te empujan a pelearte con la aguerrida (sí, esto también es cosa de chicas) buscadora entre estanterías. Los palitos de mar, la sandía y el tomate entero pelado elevados a categoría de icono comunicativo.
En el submundo publicitario nos hemos dado de bruces con las aseguradoras que prometen chollos a conductores cuyo índice intelectual desaconsejaría, incluso, dejarles solos en el parque subidos en un patinete. Y todavía, en el inframundo de los anuncios, el sobrecogimiento de las interminables secuencias de las teletiendas, auténtico potro de tortura para someter al más burro de la clase de consumo.
Esta avalancha de consejos debe de tener perplejos a los exquisitos de la teoría de la publicidad y habrá puesto en fuga hasta a los fans más acérrimos de Amo a Laura. Menos mal que hay una organización que trabaja para favorecer el autocontrol en "la comunicación comercial". En serio, no es la próxima portada de El Jueves.
Sí, amigas y amigos telespectadores, éste es el verano que nos ha dado la publicidad en TVE 1 y La 2 en bloques de seis minutos, con el apoyo de otras dosis más pequeñas pero no menos nocivas. Echaremos en falta eventos deportivos, películas y hasta una financiación estable de la televisión pública estatal con la nueva ley pero no este espectáculo, más que low cost, de baja estofa. Por esto, y muchas cosas más, adiós publicidad, tu boca huele como un escape de gas (larga vida a Los Ilegales).
PD. Es posible que muchos crean que esto de la publicidad televisada es puro teatro inoquo. Les regalo una escena observada en un gran centro comercial, frente a un escaparate repleto de pantallas: una niña le dice exultante a otra "mira, un anuncio nuevo".