A propósito del manifiesto de la Asociación de la Prensa de Madrid para convocar la concentración del sábado 14 de febrero con el lema “En defensa de la dignidad del trabajo de los periodistas”, conviene hacer algunas aclaraciones, especialmente para los sectores menos informados.
Hace bien la APM en recolectar datos sobre el funcionamiento real de esta profesión, procesarlos y difundirlos, más en los últimos meses, cuando la crisis se está cobrando empresas y, constantemente, cientos de puestos de trabajo. Hace bien en llamar la atención sobre las condiciones en las que se desarrollan las prácticas de los estudiantes, la labor de los becarios, el trabajo de los contratados y de los colaboradores y hasta el de los fijos sometidos a las crecientes presiones patronales para que se conviertan en profesionales multimedia y pilar de las conocidas sinergias de las redacciones. Incluso hace bien en señalar el deterioro creciente de la calidad del periodismo. No lo hace muy bien cuando subraya que ahora es hora de ponerse manos a la obra para solucionarlo porque hace años que desde los sindicatos, especialmente los de periodistas, estamos denunciando estas situaciones y actuando en consecuencia para hacerlas reversibles o mitigarlas al máximo. Deberían saber los responsables de la APM, y de su hermana la FAPE, que uno de los lemas centrales del Sindicato de Periodistas de Madrid, desde su fundación hace 10 años, es “en defensa de la dignidad de la profesión” y que el término “precariodismo” está acuñado, desafortunadamente por lo que significa, desde hace años por el SPM.
Hace bien la APM en reclamar a los editores y a los accionistas otra actitud ante la crisis aunque evita hablar de pésimas gestiones empresariales o de ambiciones desmedidas fuera del ámbito periodístico. Llamar a la cooperación en los actuales momentos está bien pero suena a mensaje patronal para socializar las pérdidas cuando no se ha escuchado nada parecido en los muchos años de beneficios.
Hace bien la APM en pedir a las autoridades que persigan los abusos laborales pero no debería olvidar que, desde hace años, los sindicatos venimos denunciando en las inspecciones de trabajo y ante la justicia las condiciones ilegales de las redacciones, exigiendo una actitud más activa de las propias inspecciones y poniendo impedimentos a la explotación en los convenios colectivos.
Hace bien la APM en reclamar el Estatuto del Periodista como freno ante tantos desmanes en el sector pero haría mucho mejor si abandonase ya, junto a su hermana la FAPE, tantos años de cortapisas y deseos irrefrenables de protagonismo que han impedido llegar a un acuerdo con los representantes de quienes sólo tenemos esta profesión como trabajo para levantar un auténtico catálogo de derechos y deberes que impediría tantas de las malas prácticas en las que se obliga a moverse al periodismo.
Hace rematadamente mal la APM en reclamar a los sindicatos algo que demuestra, como ninguna otra actitud, la ausencia de esta asociación de la práctica diaria de las relaciones empresarios-trabajadores: la negociación de condiciones laborales, salariales y profesionales. También en estos momentos de crisis profunda en la que sabemos de sobra lo que hay que hacer y, lo que es más sustancial, hacemos en negociaciones larguísimas y durísimas para imponer el mantenimiento de los puestos de trabajo o minimizar al máximo los despidos frente a cualquier otra reivindicación. Debería saber la APM de la solidaridad de los trabajadores a la hora de votar propuestas que implican menos dinero a cambio de más empleos o de tablas de indemnización más favorables a quienes menos ganan. Hacemos mucho más que “recabar información precisa sobre lo que está pasando”, actitud en la que sí está exclusivamente la APM: actuamos cada día para torcer a favor de todos los trabajadores del sector de la comunicación “lo que está pasando”. Lo hacemos en algo más que manifiestos o notas de prensa, lo hacemos frente a las direcciones de las empresas en las mesas de negociación, en las redacciones con asambleas y en las calles con concentraciones, manifestaciones y huelgas. Lugares todos donde no vemos ni leemos ni oímos a los representantes de la APM y de su hermana la FAPE.
Y finalmente, hace muy bien la APM en llamar a sus asociados a concentrarse pero haría mucho mejor, para debatir estas y otras cuestiones y sumar fuerzas para solucionarlas, si encabezase el movimiento de vuelta de la FAPE al Foro de Organizaciones de Periodistas, un organismo unitario que abandonó con motivos espurios bajo presidencia de Fernando González Urbaneja, y en dejar de lado el personalismo y el ombliguismo como norte de su actuación.