Es una pena que muchos intelectuales hayan extendido ya el acta de defunción de una profesión como la periodística, fundamento necesario de las democracias actuales y futuras y garantía necesaria para que ese engendro denominado opinión pública se traduzca en una participación real de toda la ciudadanía en la política y la economía local y del país.
Es claro que muchos políticos, economistas y empresarios, con poder real en la misma dimensión que poco ilustrados, desprecian olímpicamente a la fauna periodística de nuestro país y que por el momento sólo son visibles unos pocos opinadores profesionales que reflejan el socialismo o el conservadurismo, porque del liberalismo tan citado por algunos más bien andamos escasos. Faltan en ese círculo de opinadores profesionales personas cercanas a las ideas anarquistas, y su contrario, el comunismo, así como de grupos de presión ecologista y otros tipos de ideas afines con los nuevos movimientos sociales.
Creo que quienes dan por muerto al periodismo dan por muerta a la democracia que algunos apellidan liberal o formal. También creo que es preciso profundizar en los derechos y deberes sociales de los ciudadanos que recoge nuestra Constitución de 1978 como por ejemplo el de participación directa en la política y no sólo a través del voto o de los partidos políticos sino también de asociaciones y otros entes que ahora se denominan el tercer sector que, como todo el mundo sabe, es más amplio que nuestro arco político oficial; quiero decir, fundaciones, etc.