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Periodistas, becarios, intrusos

29 de Junio de 2007
Santiago Palmeiro Fernandez, periodista
El periodismo, el llamado cuarto poder, se sustenta en nuestro país, en lo que a contenidos de redacción se refiere, sobre tres pilares básicos: periodistas, becarios e intrusos. Periodistas son los titulados en Ciencias de la Información, o de la Comunicación, rama Periodismo, que trabajan en defensa de determinados intereses, no siempre reñidos con la vedad.

Becarios, en general, son los noveles que aún no se han licenciado. Apenas disponen de derechos, salario o reconocimiento laboral. Son mano de obra barata que, en demasiadas ocasiones, constituye el motor de las redacciones: si los becarios (con y sin beca) decidiesen hacer una huelga en verano, muchos medios de comunicación se derrumbarían de inmediato.

Todos los demás “periodistas” son intrusos o pseudoperiodistas, gente procedente de otras profesiones u oficios que copan una parte muy importante del empleo en prensa, radio y televisión. A falta de titulación específica, han irrumpido en la profesión mediante fórmulas tan vomitivas como el enchufismo (las excepciones confirman la regla), lo que, de entrada, supone un terrible agravio para quienes han empleado tiempo y dinero para licenciarse en periodismo.

Ocurre que a la profesión han accedido otro tipo de intrusos, en especial a los puestos de relumbrón. Lo han hecho por caminos variopintos, sensiblemente alejados de las “Ciencias de la Información”; y han acabado por convertir el periodismo en una selva de parados, intrigantes, arribistas, chulos, pelotilleros y gente buena; todo ello, con la anuencia de los todopoderosos señoritos empresarios traficantes de noticias, que tampoco son periodistas.

El “asalto” se ha producido durante décadas bajo una premisa aún vigente que es, en sí misma, otra auténtica salvajada: “periodista es el que ejerce el periodismo, con independencia de cuál sea su titulación u oficio”. Tremendo. En los medios de provincias este fenómeno es, desde luego, escalofriante y desalentador.
¿Alguien imagina a un periodista ganándose la vida como notario, veterinario, aparejador, juez, médico…? Por mucho que se empeñe en “dar fe”, por mucho que le gusten los animales, por muy artista que sea con el “rötring”, por mucho que ame la justicia, por más conocimientos que tenga de medicina… un periodista nunca podrá desempeñar esas otras profesiones. Salvo que estudie y se titule. No lo permite la legislación ni lo consiente la sociedad. Además, la ciudadanía se negaría a ponerse en manos de un falso médico, de un falso juez, de un falso profesional.

Los sucesivos gobiernos de la democracia han alimentado el problema al permitir el intrusismo y promover a la vez la creación de las Facultades de Periodismo. La propia Administración ha colocado gracias a esta flagrante contradicción a muchos de sus “politicoperiodistas”.

El ministro de turno debe explicar a los jóvenes de hoy lo que nadie quiso explicar a las generaciones de ayer: estudien periodismo si quieren, sacrifíquense, gasten el dinero de sus familias; pero sepan que cuando terminen la carrera, probablemente no podrán ejercer porque otros, que no son periodistas, ocuparán su puesto de trabajo.

El tiempo y las galeradas de licenciados que cada año salen de la universidad terminarán por resolver el asunto. Pero seguirá siendo necesario regular el sector, colegiar a los profesionales y permitir que sólo los titulados ejerzan la profesión, tal y como ocurre en otros países de la Unión Europea. ¿Qué profesión es ésta en la que cualquier chisgarabís puede ser periodista y un gran número de auténticos periodistas no pueden serlo jamás? ¿Y a eso llaman cuarto poder?
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