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Caddy Adzuba, altavoz de las congoleñas silenciadas

6 de Marzo de 2010

Madrid, 6 de marzo de 2010. (texto M. M./fotos A. P.)

En la República Democrática del Congo (RDC), "el cuerpo de las mujeres se ha convertido en un campo de batalla, y la violación en un arma de destrucción masiva". Lo recalcó la periodista Caddy Adzuba en su conferencia del jueves --coorganizada por el Sindicato de Periodistas de Madrid (SPM-FeSP)-- en la Facultad de Ciencias de la Información, donde también denunció la pasividad de la comunidad internacional ante los horrores de la guerra en su país.

Adzuba cifró en cinco millones las personas muertas y en 500.000 las mujeres violadas desde que en 1996 comenzó ese conflicto "que está lejos de ser un asunto entre congoleños". Por eso extendió la "responsabilidad compartida" a los rebeldes hutus ruandeses que "cometen el 80% de las atrocidades", a los gobiernos y empresas extranjeras que "hacen negocio con la sangre de los congoleños" al "explotar las minas y comerciar" con el codiciado coltán para teléfonos móviles, y a las organizaciones internacionales (Unión Africana, Unión Europea y Naciones Unidas) que han permitido la financiación de la guerra y la impunidad de los criminales.

Bajo el título de “R. D. Congo: Conflicto olvidado, violencias silenciadas”, la charla de Adzuba se enmarca en el décimo aniversario de la Resolución 1325 de Naciones Unidas sobre “Mujeres, Paz y Seguridad”. Un texto que por primera vez abordó la cuestión de modo integral y en la doble perspectiva de las mujeres como víctimas de los conflictos y como constructoras de paz. En octubre será la conmemoración, recordó la periodista, "y sin embargo, 2009 fue un año catastrófico y el sufrimiento de las congoleñas no ha cesado". De ahí su empeño en ser para esas grandes víctimas acalladas "Un altavoz para el silencio", en línea con el proyecto de la granadina Fundación Euroárabe –en el que ella participa-- para articular una red de periodistas de África, Oriente Medio y España en pro de la justicia de género y la libertad de expresión.

Crueldad

Ese altavoz es aún más necesario en el caso del Congo, donde la guerra ha dejado un reguero de sangre, destrucción de pueblos e infraestructuras, 40.000 niños-soldado,  un millón de desplazados "exiliados en su propio país" y una humillación colectiva a golpe de extrema crueldad. Adzuba hizo saltar más de una lágrima en el auditorio al relatar testimonios que "no son de una película, sino cosas que he vivido y vivo todos los días". Historias para no dormir en las que el hombre-animal esclaviza sexualmente a mujeres de tres meses a 85 años; viola con maderas, cristales y otros objetos cortantes; apaga cigarros en vaginas infantiles; pretende obligar a un hijo a violar a su madre y corta la cabeza al padre que trata de interponerse...

Violencia salvaje que persigue un objetivo destructor –la mano agrícola femenina es el pilar de la economía de subsistencia-- y que tiene una onda expansiva aniquiladora desde el momento en que las jóvenes violadas "sufren el rechazo en el seno de la familia y la sociedad". Máxime, añadió, cuando "el 66% ha contraído el sida, infectadas deliberadamente por los rebeldes", y muchas acaban "abandonadas a su propia suerte". Así se completa el círculo de la violación como un arma de destrucción masiva de la que habló Adzuba, quien reivindicó el "derecho a la vida de las congoleñas" frente a la crueldad guerrera que les niega el "derecho a morir de una forma normal" y que hasta hace parecer "un lujo morir de un balazo".

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